Las baterías de estado sólido del proyecto SPEARS han superado ensayos en vacío térmico que acercan su uso a las condiciones de una misión lunar. Los pequeños prototipos han funcionado hasta 80 °C y hasta -60 °C con buen rendimiento, y han seguido operando a -80 °C con una ligera pérdida de prestaciones. El avance divulgado el 14 de octubre abre una vía para alimentar instrumentos, herramientas y vehículos que deban soportar cambios de temperatura muy acusados.

El resultado tiene un límite decisivo: funcionar con frío y sobrevivir a él son pruebas diferentes. Las celdas también han resistido exposiciones entre 100 °C y -170 °C sin sufrir daños, pero eso no significa que puedan entregar energía en todo ese intervalo. Para volver a utilizarlas tras el frío más intenso necesitan calentarse hasta su temperatura de operación.

Un electrolito sólido para evitar el problema del líquido

Las baterías convencionales de ion litio emplean un electrolito líquido. En las condiciones extremas del entorno lunar, ese componente plantea problemas de congelación, calentamiento y evaporación si queda expuesto al vacío. SPEARS lo sustituye por un material sólido basado en cerámica o polímeros. El proyecto busca así una batería que conserve su integridad y pueda recuperar el funcionamiento cuando se caliente.

Las pruebas se han realizado en el centro Langley de la NASA, en Virginia. El proyecto está dirigido desde Glenn, en Cleveland, y el centro Ames trabaja en placas de prueba y electrónica para preparar futuros equipos de vuelo. Por ahora se trata de desarrollo tecnológico con celdas pequeñas. Los ensayos descritos no equivalen a una batería ya instalada en un vehículo lunar ni a una demostración de funcionamiento en la superficie de la Luna.

Calentar solo cuando haga falta

Una batería que soporte periodos de frío extremo sin deteriorarse permitiría estudiar otra forma de gestionar la energía. En lugar de mantenerla caliente continuamente, unos calentadores podrían activarse para devolverla al intervalo operativo cuando se necesitase electricidad. Reducir el calentamiento permanente podría aligerar los sistemas de control térmico y dejar más margen para otras cargas de una misión.

Ese ahorro es una posibilidad de diseño, todavía sin una cifra de autonomía o de masa ahorrada que pueda trasladarse a un equipo concreto. El polo sur lunar puede alcanzar temperaturas nocturnas cercanas a -200 °C, de modo que los resultados actuales tampoco permiten afirmar que el problema del frío lunar esté resuelto.

De las herramientas a los instrumentos científicos

Entre las aplicaciones que se investigan figuran taladros para cráteres en sombra, vehículos de exploración, equipos de emergencia para astronautas e instrumentos científicos de larga duración. La elección de los materiales de los electrodos permitiría ajustar la batería a necesidades distintas de energía, potencia o resistencia al uso.

SPEARS comenzó en 2026 y sus primeras etapas se centran en desarrollar la tecnología antes de una posible colaboración comercial. También se contemplan aplicaciones terrestres, como drones y dispositivos portátiles. El siguiente paso será llevar estas celdas y su electrónica hacia equipos preparados para ensayos espaciales, conservando la distinción entre la resistencia demostrada en laboratorio y las prestaciones que exigiría cada misión.